Revista leer

DESALOJADOS una trein­tena de huér­fa­nos del cen­tro de aco­gida en Velin­to­nia”. Si leyé­ra­mos en prensa una noti­cia seme­jante, muchas serían las voces que se apre­su­ra­rían a dar mar­cha atrás a la fecho­ría. Aun­que no son sólo los chi­qui­llos que fir­man este libro de la colec­ción de Miguel Losada los desam­pa­ra­dos; lo cierto es que con la demo­li­ción o el futuro ines­ta­ble que le espera a la casa madri­leña del poeta Vicente Alei­xan­dre somos muchos los que nos que­da­mos desa­lo­ja­dos. Tie­nen en sus manos un volu­men que es una visita guiada a un gran orfe­li­nato, el de los hijos (Javier Marías, Gim­fe­rrer, Jaime Siles…) de un pre­mio Nobel al que las auto­ri­da­des pare­cen repu­diar como bas­tardo. La excusa ofi­cial: nada hay en las pare­des y es ver­dad, hace ya treinta años que el escri­tor sevi­llano murió y con él las vela­das que hicie­ron de su casa lugar de aco­gida para las nue­vas gene­ra­cio­nes de poetas.

Entre los inclu­se­ros, José Luis Cano, pre­cur­sor de la pro­testa inmo­bi­lia­ria que llevó a un grupo de locos pací­fi­cos a reivin­di­car la nece­si­dad de pre­ser­var la memo­ria de Vicente. Por­que Velin­to­nia 3 es memo­ria en rui­nas, sín­toma de la dolen­cia de quien ampara la cul­tura sola­mente si se viste de espec­táculo o da rédi­tos políticos.

El com­pi­la­dor, Ale­jan­dro Sanz, bien ase­so­rado (Luis Alberto de Cuenca, Bea­triz Her­nanz, Javier Los­talé, Bal­bina Prior y Ángel Rodrí­guez Abad), nos pro­pone ade­más dos iné­di­tos: una carta a Miguel Her­nán­dez –habrá que espe­rar algo más a las 309 que Jesu­cristo Riquelme pro­mete este otoño– y un poema del Alei­xan­dre irra­cio­na­lista que sabe lo que cuesta vivir y con la voz del agua mal­dice la abyec­ción del mundo que acu­mula su dolor en las pal­mas de las manos. Pre­ci­sa­mente la del poeta queda en el libro en la ins­tan­tá­nea de Goye­ne­chea, y más ade­lante su escri­tura de cer­te­zas y algún borrón con esa cali­gra­fía que Gui­llermo Car­nero des­me­nuza como tri­buto al que fuera agente del cam­bio esté­tico en la poe­sía de media­dos de los sesenta, pero sobre todo amigo de esos que se reían ancha­mente con su “her­mano” Miguel, el de Orihuela, visio­na­rio que intuyó “el zapato harto pequeño” que encon­tra­ría la poe­sía de Vicente. Para quie­nes duda­ron de su cer­ca­nía a la dic­ta­dura encon­tra­rán aque­llas “inmo­ra­les torres de mar­fil” que no que­ría habi­tar Alei­xan­dre, o los moti­vos de su inmó­vil resis­ten­cia al fas­cismo según Díez de Revenga, exi­lio inte­rior, con­va­le­ciente como España, pero pro­clive al des­me­lene con los ínti­mos como retrata Fer­nando Del­gado des­mi­ti­fi­cando al enva­rado excur­sio­nista que vemos en la anto­lo­gía de Gerardo Diego.

Por­que Vicente era el estoi­cista, en pala­bras de Larra­bide, el epi­dér­mi­ca­mente feliz poeta de Sali­nas, de un vita­lismo volun­ta­rioso, parejo a la minu­cio­si­dad de Juan José Mar­tín Ramos al ele­gir con buen tino los tonos y los tiem­pos del reco­rrido para per­mi­tir­nos aden­trar­nos en esa “penum­bra azul” de la morada del poeta. En ella revi­vi­mos de la mano de Manuel Man­tero al con­ver­sa­dor con el buen Sirio a los pies y la “gotita mágica” en los labios, ejer­ciendo su papado poé­tico, cuyas bases sienta Javier Los­talé al ahon­dar en la mís­tica del cuerpo alei­xan­drino que es des­tino y fuente de cono­ci­miento desde una meta­fí­sica del orden y el caos.

ALICIA GONZÁLEZ

 

AleixandrerecENTRE DOS OSCURIDADES, UN RELÁMPAGO
Ale­jan­dro Sanz (ed.)
Edi­cio­nes de la Revista Áurea. Madrid, 2014
204 pági­nas. 15 €

 

Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en el número de octu­bre de 2014, 256, de la Revista LEER (pídalo en su quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das. O mejor aún, sus­crí­bete).

 

Para saber más:

  • Página de la Aso­cia­ción de Ami­gos de Vicente Aleixandre.
  • Noti­cia en El País de la pre­sen­ta­ción de Entre dos oscu­ri­da­des, un relám­pago en Velin­to­nia 3. “¿Adiós a Velintonia?”