Revista leer
La novela negra asiá­tica comienza a lla­mar la aten­ción en nues­tro país con auto­res como QIU XIAOLONG, refe­rente de la pasada Semana Negra de Gijón, o la LITERATURA JAPONESA, invi­tada prin­ci­pal de la sep­tima edi­ción de Getafe Negro 2014 que arranca hoy. La escri­tora NOEMÍ SABUGAL toma el pulso a las últi­mas evo­lu­cio­nes orien­ta­les del género.
 

COMO UN SOL VIOLENTO y DESORIENTADO, la lite­ra­tura negra nació en el oeste y va camino de ponerse en el este, en un con­ti­nente asiá­tico aún poco explo­rado por el género –al menos en España– pero con mucho que ofre­cer. En ese adi­vi­nado ocaso hay un des­tino prin­ci­pal: la ele­fan­tiá­sica China, el país de 1.300 millo­nes de habi­tan­tes y al que la pujanza de las tría­das (mafias), el furor urba­nís­tico y la corrup­ción polí­tica y eco­nó­mica con­vier­ten en per­fecto hués­ped para el pará­sito del cri­men literario.

El género ini­ciado por Carroll John Daly y Das­hiell Ham­mett en los Esta­dos Uni­dos de los años treinta, con su Ley Seca y sus gáns­ters, ha alcan­zado en la última década su cénit en Europa, y aun­que el amigo ame­ri­cano sigue dando auto­res tan nota­bles como Den­nis Lehane –sin olvi­dar a homó­lo­gos lati­noa­me­ri­ca­nos como Sac­co­manno o Padura–, está claro que lo negro ha bri­llado en los últi­mos años encima de las ciu­da­des euro­peas, espe­cial­mente sobre la nieve de las nór­di­cas, gra­cias al éxito de auto­res como Stieg Lars­son. Ahora, el ano­che­cer podría ser oriental.

La devoción del sospechoso XSin que se haya des­he­lado aún el inte­rés de los lec­to­res por las his­to­rias que sur­gen del frío de Åsa Lars­son o Jo Nesbø, muchos vuel­ven ahora sus ojos hacia el con­ti­nente vecino en busca de nove­las tan cru­das como el sas­himi. Y las están encon­trando en escri­to­res como los chi­nos Diane Wei Liang o Qiu Xiao­long (edi­ta­dos en España por Siruela y Tus­quets) o los japo­ne­ses Nat­suo Kirino, Miyuki Miyabe o Keigo Higas­hino (Emecé, Qua­terni y Edi­cio­nes B, res­pec­ti­va­mente). El atrac­tivo que tie­nen sus pro­pues­tas se demues­tra en la aten­ción a la lite­ra­tura negra orien­tal de dos de los prin­ci­pa­les fes­ti­va­les del género en España. Mien­tras que Xiao­long ha sido este verano uno de los invi­ta­dos estre­lla en la última edi­ción de la Semana Negra de Gijón, donde pro­ta­go­nizó char­las y encuen­tros con lec­to­res –siem­pre con una son­risa y fir­mando cuan­tos libros le pusie­ran delante–, Getafe Negro ha ele­gido a la lite­ra­tura negra japo­nesa como pro­ta­go­nista de su sép­tima edi­ción.

Eso indica que el ras­tro de la nueva san­gre lite­ra­ria con­duce desde las soli­ta­rias calles de Esto­colmo que reco­rría el perio­dista Mikael Blomk­vist de Lars­son hasta las popu­lo­sas del Shanghai del ins­pec­tor Chen Cao, pro­ta­go­nista de las nove­las de Xiao­long. Aun­que algu­nos de los prin­ci­pa­les auto­res chi­nos de novela negra, como es el caso de los cita­dos Xiao­long y Wei, no viven en el país al que per­te­ne­cen y en el que sitúan sus his­to­rias, esta con­di­ción peri­fé­rica (por lla­marla así), ade­más de sus pro­ble­mas con la cen­sura, no hace sino acre­cen­tar la atrac­ción por ellas, al tiempo que aumen­tan sus tra­duc­cio­nes y difusión.

tokioXiao­long hace más de veinte años que reside en EEUU, donde es pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Saint Louis, mien­tras que Wei vive en Lon­dres. Ambos retra­tan las con­tra­dic­cio­nes del gigante asiá­tico desde los difí­ci­les años de Deng Xiao­ping al momento actual, de una extraña esqui­zo­fre­nia comunista-capitalista, y dejan la puerta entre­abierta para obser­var la vida coti­diana de sus dos prin­ci­pa­les ciu­da­des: su capi­tal polí­tica, Pekín (Wei) y la con­si­de­rada como su capi­tal eco­nó­mica, Shanghai (Xiao­long). Y, como nues­tro Car­valho, nin­guno deja pasar la opor­tu­ni­dad para ala­bar las deli­cias de la gas­tro­no­mía china, por lo que, al igual que los de Váz­quez Mon­tal­bán, sus libros sólo son aptos para ser leídos/devorados con el estó­mago lleno… o la nevera bien cerca.

En Japón, la novela negra es desde hace años uno de los géne­ros más leí­dos. Aún insu­fi­cien­te­mente tra­du­ci­dos en España, el país del Sol Naciente tiene sus pro­pios tótem de lo lite­ra­rio­cri­mi­nal en auto­res como Edo­gawa Rampo, que fundó la Aso­cia­ción de Escri­to­res de Mis­te­rio de su país, o Sei­cho Mat­su­moto, que obtuvo el pre­mio lite­ra­rio más impor­tante de Japón: el Aku­ta­gawa, cuyo gana­dor recibe un millón de yenes y… ¡un reloj de bol­si­llo! La refe­ren­cia al autor que le da nom­bre, Ryū­no­suke Aku­ta­gawa, el más talen­toso de la gene­ra­ción neo­rrea­lista japo­nesa de prin­ci­pios del siglo pasado, per­mite tam­bién recor­dar uno de los mejo­res rela­tos que se han escrito en el género negro: En el bos­que, ins­pi­ra­dor de la pelí­cula Ras­hō­mon, de Kuro­sawa.

NOEMÍ SABUGAL

Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en el número de sep­tiem­bre de 2014, 255, de la Revista LEER (cóm­pralo, o mejor aún, sus­crí­bete).