Revista leer

El con­cepto de liber­ti­nismo, más allá de toda duda razo­na­ble, es com­plejo. Y extraño”. Sucede, en gene­ral cuando un tér­mino se cons­truye, desde el inicio, como epí­teto des­ca­li­fi­ca­dor de algo que jamás se ha dado a sí mismo nom­bre pro­pio. “Liber­tino” fue inven­tado como vitu­pe­rio, pri­mero, en la segunda mitad del siglo XVI, para dar razón de un enve­ne­nado enfren­ta­miento interno a la Reforma, y espe­cial­mente al cal­vi­nismo gine­brino. Fue des­pla­zado, desde el inicio del XVII, al ámbito cató­lico para ful­mi­nar sin con­tem­pla­cio­nes a los pri­me­ros dis­cí­pu­los radi­ca­les de Maquia­velo, en quie­nes, muy espe­cial­mente la Com­pa­ñía de Jesús, pero de modo más gene­ral todo el medio ecle­siás­tico, sobre todo el fran­cés, veía el riesgo mayor de defi­nir un Estado que impu­siera su potes­tad al mar­gen, o incluso por encima, de la Igle­sia. Sólo a par­tir de los dos dece­nios fina­les del XVII, pasará a desig­nar una cierta acti­tud disi­pada en el ámbito de las cos­tum­bres, y muy espe­cial­mente en el de las cos­tum­bres sexua­les, sobre el cual se alzará, en el siglo XVIII, toda la narra­tiva fran­cesa que pre­fi­gura al Mar­qués de Sade.

El tra­bajo que Pedro Lomba Fal­cón acaba de publi­car sobre el magma que en torno al tér­mino “liber­tino” se teje, marca una época en los estu­dios sobre ese hui­dizo con­cepto, a lo largo de cuyas meta­mor­fo­sis se gesta com­pleto el hori­zonte del pen­sar moderno. Már­ge­nes de la moder­ni­dad. Liber­ti­nismo y filo­so­fía en el siglo XVII (Esco­lar y Mayo, 2014) es un libro indis­pen­sa­ble, aca­dé­mi­ca­mente indispensable.

La tarea de Lomba ha sido la de aco­tar la flui­dez de esas meta­mor­fo­sis del tér­mino. E inten­tar dar con las cons­tan­tes que rigen su tras­true­que. Desde una hipó­te­sis que, a par­tir del libro clá­sico de René Pin­tard, es cen­tral en los estu­dios sobre la for­ma­ción del pen­sa­miento moderno: el liber­ti­nismo cons­ti­tui­ría el refe­rente polé­mico de lo que, a par­tir de Des­car­tes, con­fi­gura la filo­so­fía moderna. Con­tra él se ha ela­bo­rado todo, a lo largo de un siglo. Y tam­bién en alianza con él, aun cuando siem­pre alianza enmas­ca­rada. En lo aca­dé­mico, el libro de Lomba es el tra­bajo más minu­cioso, más exhaus­tivo, desde aquel de Pin­tard que está en los orí­ge­nes del inte­rés his­to­rio­grá­fico en esa per­ma­nente para­doja libertina.

De los “liber­ti­nos espi­ri­tua­les”, a los que ful­mina Cal­vino en su obra Con­tra la secta fan­tás­tica y furiosa de los liber­ti­nos del año 1545, a los “liber­ti­nos eru­di­tos” dura­mente repri­mi­dos en la Fran­cia del XVII, Lomba traza un mapa minu­cioso, hasta hoy inexis­tente. Un mapa que supone la relec­tura de esas indi­ges­tas y pro­li­jas refu­ta­cio­nes, a las cua­les ha sido habi­tual hasta hoy refe­rirse de modo somero y apro­xi­ma­tivo. Afron­tar en deta­lle los cen­te­na­res de pági­nas de las tres dia­tri­bas anti­li­ber­ti­nas del padre Garasse y las cua­tro, menos necias, pero no menos pro­li­jas, del corres­pon­sal de Des­car­tes Mari­nus Mer­senne, requiere un tra­bajo paciente y una con­sa­gra­ción de años.

Pedro Lomba traza un mapa minu­cioso del hui­dizo con­cepto “liber­tino”, en torno a cuyas meta­mor­fo­sis se gesta com­pleto el hori­zonte del pen­sar moderno

El libro ahora publi­cado es, en pri­mer lugar, una guía que no tiene pre­cio para los his­to­ria­do­res del siglo “de la razón”. Y en cuyo apén­dice tex­tual se inclu­yen tex­tos de otro modo casi inac­ce­si­bles a quien no posea el tiempo y los medios indis­pen­sa­bles para ence­rrarse en las biblio­te­cas más espe­cia­li­za­das en lite­ra­tura clandestina.

Es tam­bién, y sobre todo, un exacto tra­zado de las lógi­cas que lle­van desde la cri­sis refor­mada hasta el esta­llido del pen­sar barroco, cuya con­se­cuen­cia más extrema será Spi­noza; la emer­gen­cia de una cri­sis del pen­sa­miento moral y polí­tico que Lomba sin­te­tiza en un axioma afor­tu­nado: “Tal es la nueva moral liber­tina: una extraña moral que se reduce a la cons­ta­ta­ción de que la ver­dad y el bien –si se puede seguir uti­li­zando este último tér­mino– están sólo en la nega­ción de lo que hace posi­ble toda moral: volun­tad indi­vi­dual y ley. Su con­te­nido queda sus­tan­ciado en un prin­ci­pio fun­da­men­tal: no per­ci­bir el pecado, igno­rarlo, pues per­ci­birlo y no igno­rarlo es índice irre­fu­ta­ble de que se per­ma­nece en él”.

Del “espi­ri­tual” Poc­que al fas­ci­nante biblio­te­ca­rio del Car­de­nal Maza­rino que teo­rizó por pri­mera vez los “gol­pes de Estado”, Gabriel Naudé, Pedro Lomba va recons­tru­yendo una tela de araña de lógi­cas impla­ca­bles. Que lleva a la ple­ni­tud maquia­ve­liana de ese Naudé que pone los más vene­ra­bles clá­si­cos al ser­vi­cio de un maquia­ve­lismo polí­tico sin más­ca­ras: “La plebe es infe­rior a las bes­tias, peor que las bes­tias y cien veces más necia que las mis­mas bes­tias, por­que las bes­tias están pri­va­das de razón y se dejan lle­var por el ins­tinto que la natu­ra­leza les da como regla de vida… Mien­tras que la plebe (entiendo por esta pala­bra la tur­ba­multa, la esco­ria popu­lar, la gente que por uno u otro motivo resulte ser de baja estofa, ser­vil y de con­di­ción baja), estando dotada de razón, abusa de ella de mil mane­ras… En resu­men, todo aque­llo que la plebe dice es falso y absurdo, todo lo que desaprueba es bueno, y todo cuanto hace y emprende no es sino pura locura”.

Mon­taigne y Cha­rron asen­ta­rán los fun­da­men­tos del “eru­dito” liber­ti­nismo escép­tico del die­ci­siete. La Mothe Le Vayer, Théophyle de Viau y el anó­nimo autor del Theoph­ras­tus redi­vi­vus con­su­ma­rán el tra­yecto. Mer­senne y Garasse los lla­ma­rán ateos. Pero, ¿qué sig­ni­fica “ateo” en la pluma de un escri­tor del siglo XVII? Sólo con Spi­noza se abrirá la edad moderna a la res­puesta definitiva.

GABRIEL ALBIAC

Lomba_Margenes[2]MÁRGENES DE LA MODERNIDAD. LIBERTINISMO Y FILOSOFÍA EN EL SIGLO XVII
Pedro Lomba Falcón
Esco­lar y Mayo. Madrid, 2014
282 pági­nas. 19 euros
 
Una ver­sión de esta reseña ha sido publi­cada en el número de septiem­bre de 2014, 255, de la Revista LEER (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, sus­crí­bete)