Revista leer

El pasado miér­co­les 2 de julio, a la misma hora que Con­chita Wurst incen­diaba la plaza de Chueca en el arran­que de las fies­tas del Orgu­llo Gay de Madrid, en Espa­cio LEER deba­ti­mos en torno a la salud y vigen­cia de la lite­ra­tura de temá­tica LGTB y otros muchos asun­tos rela­cio­na­dos con la cul­tura gay. Y lo hici­mos con dos clá­si­cos indis­cu­ti­bles del movi­miento en España: Mili Her­nán­dez, res­pon­sa­ble de la libre­ría Ber­kana, fun­dada en 1993, y del sello Ega­les, y Javier Sáez del Álamo, soció­logo, acti­vista gay y autor de ensa­yos como Teo­ría queer y psi­coa­ná­li­sis o Por el culo: polí­ti­cas anales. A ellos se sumó un recién lle­gado –en el mejor sen­tido del tér­mino–, Gon­zalo Izquierdo, cofun­da­dor de Dos Bigo­tes, nueva edi­to­rial espe­cia­li­zada en res­ca­tes de auto­res gay de geo­gra­fías diver­sas y poco cono­ci­das en España.

El punto de par­tida del debate vino dado por algu­nas de las opi­nio­nes ver­ti­das en el número de junio de LEER, y que sugie­ren que en para­dó­jica con­vi­ven­cia con una cada vez mayor liber­tad social, la lite­ra­tura de temá­tica homo­se­xual sufre un pro­gre­sivo retro­ceso. Mili Her­nán­dez inició su inter­ven­ción poniendo en con­texto el arran­que del movi­miento, el boom post Sto­ne­wall que se pro­dujo en Esta­dos Uni­dos a par­tir de los años 70.  “Apa­rece la libre­ría Oscar Wilde de Nueva York, auto­res como David Lea­vitt o Chris­top­her Bram, y se funda Naiad Press, un sello muy impor­tante por­que hasta enton­ces la lite­ra­tura lés­bica casi no exis­tía, y las muje­res les­bia­nas que­ría­mos leer. Se trata de una lite­ra­tura muy con­creta, novela román­tica con la que las muje­res les­bia­nas pudie­ron iden­ti­fi­carse y soñar una vida que no tenían”. Ahora todo aque­llo ha des­a­pa­re­cido. “No queda una sola edi­to­rial espe­cia­li­zada ni una sola libre­ría; la última ha cerrado este mismo año en Phi­la­delp­hia. Ni en Esta­dos Uni­dos ni en Ingla­te­rra que­dan ya sellos gays”.

¿Qué ha suce­dido? Mili animó a una refle­xión colec­tiva y sugi­rió alguna expli­ca­ción; al hecho, por ejem­plo, de que muchos auto­res homo­se­xua­les obli­te­ren su con­di­ción en los temas de su obra: “ven­den más” y obtie­nen más pro­yec­ción. “La lite­ra­tura de temá­tica homo­se­xual no ha pene­trado en el lec­tor hete­ro­se­xual. Hemos renun­ciado a hacerlo. Tam­bién habría que pre­gun­tarle al gay y a la les­biana si siguen intere­sa­dos en leer este tipo de lite­ra­tura o ensa­yos sobre la con­di­ción LGTB”. La con­so­li­da­ción de los dere­chos de los homo­se­xua­les –“ya no nos tene­mos que pegar con nadie”– y el cam­bio de para­digma cul­tu­ral –“nos hemos hecho más visua­les”– com­ple­tan el nuevo panorama.

De izquierda a derecha, Mili Hernández, Javier Sáez, Gonzalo Izquierdo y Borja Martínez, coordinador editorial de LEER, durante el encuentro sobre Cultura Gay en Espacio Leer.
De izquierda a dere­cha, Mili Her­nán­dez, Javier Sáez, Gon­zalo Izquierdo y Borja Mar­tí­nez, coor­di­na­dor edi­to­rial de LEER, durante el encuen­tro sobre Cul­tura Gay en Espa­cio Leer (Fotos: Patri­cia Blanco).

Desde Dos Bigo­tes, y con un catá­logo razo­nado y extre­ma­da­mente intere­sante, Gon­zalo Izquierdo –y su socio, Alberto Rodrí­guez– no renun­cia a edi­tar en la coyun­tura post–boom y con­se­guir lo que hasta ahora no se ha con­se­guido, “que los hete­ro­se­xua­les tam­bién nos lean. Esta­mos en un momento de cam­bios socia­les y de refe­ren­tes, pero noso­tros nos hemos impuesto la res­pon­sa­bi­li­dad de hacer de alta­voz de cier­tas reali­da­des, res­ca­tando auto­res opri­mi­dos de geo­gra­fías dife­ren­tes: Rusia, África, Europa del Este… Esta­mos empe­zando, pro­bando, escuchando”.

En clave socio­ló­gica, Javier Sáez apuntó varias razo­nes para expli­car la evo­lu­ción de la cul­tura LGTB: la cri­sis eco­nó­mica, los nue­vos hábi­tos pro­pi­cia­dos por Inter­net… “Se pro­duce un efecto para­dó­jico por el cual la Red ofrece a la gente nue­vas posi­bi­li­da­des de vivir su con­di­ción sexual pero de puer­tas aden­tro, en la inti­mi­dad de su casa; una espe­cie de regreso al arma­rio. Se ha per­dido el sen­tido de comu­ni­dad de comien­zos de los 90, cuando luga­res como Ber­kana eran un punto de encuen­tro. Pode­mos vol­ver a una invi­si­bi­li­dad peligrosa”.

Recordó enton­ces Mili los momen­tos fun­da­cio­na­les de Ber­kana, cuando recién lle­gada de Lon­dres y Nueva York, donde libre­rías espe­cia­li­za­das como Gay’s the Word y Oscar Wilde “me sal­va­ron la vida”, deci­dió que en Madrid hacía falta y era posi­ble una de las mis­mas carac­te­rís­ti­cas. “Yo vivía en esas libre­rías. Aprendí inglés leyendo nove­las román­ti­cas lés­bis­cas… Aquí, con Ber­kana y con Ega­les, toma­mos aquel modelo, el que venía de EEUU. No pla­ni­fi­ca­mos nada, todo vino dado. Pero res­pon­día a una nece­si­dad; enton­ces no exis­tía Inter­net” y había mucha gente que vivía a oscu­ras y nece­si­taba res­pues­tas y lec­tu­ras. “Mucho de lo que hemos hecho ha sido a la medida de las nece­si­da­des del colectivo”.

El de Ega­les fue sen­ci­llo, y común a tan­tas líneas edi­to­ria­les de sellos de toda dimen­sión: “Si la novela román­tica nos da de comer, mon­te­mos una colec­ción de ensayo potente, con iden­ti­dad pro­pia”. Y así han edi­tado y tra­du­cido ensa­yos fun­da­men­ta­les en mate­ria LGTB, abo­nando la buena salud teó­rica de la cues­tión en España desde los pri­me­ros 2000, corro­bo­rada por Javier Sáez. Pero ahora, “con la mino­ría que quiere y nece­sita lo que publi­ca­mos no vamos a poder sobre­vi­vir. Tra­du­cir es muy caro, el coste mayor de la edi­ción con dife­ren­cia. Esta­mos abo­ca­dos a un pano­rama en el que hay libros que no se van a publi­car y por lo tanto no se van a leer”.

Y lo que se publica se enfrenta a un sin­fín de difi­cul­ta­des aso­cia­das a su con­di­ción espe­cia­li­zada, empe­zando por la colo­ca­ción en las libre­rías, en las que la temá­tica LGTB se aso­cia auto­má­ti­ca­mente a la cla­si­fi­ca­ción eró­tica. “Son 21 años haciendo peda­go­gía, yendo a la Casa del Libro, seña­lán­do­les mis libros y dicién­do­les, mira, en este, este, este y este no hay ni un solo polvo”. Una segre­ga­ción que Gon­zalo Izquierdo ya ha sufrido en la corta tra­yec­to­ria de Dos Bigo­tes y para la que Sáez encuen­tra una expli­ca­ción: La gente sigue sexua­li­zando todo lo rela­cio­nado con los gays, “los ima­gi­nan inme­dia­ta­mente en la cama”. La inex­tin­gui­ble super­vi­ven­cia del tabú anal…

PBL 146r

Mili Her­nán­dez denun­ció otra difi­cul­tad aña­dida: el hecho de que las gran­des pla­ta­for­mas de venta de libros online no inclu­yan nodos de bús­queda de lite­ra­tura gay y lés­bica en sus inde­xa­cio­nes. Ama­zon, por ejem­plo “no tiene cata­lo­ga­ción, sólo en el Kindle, y por­que me negué a ven­der­les los libros de Ega­les en for­mato elec­tró­nico si no lo hacían”.

Tam­poco hay prensa espe­cia­li­zada, ni se rese­ñan libros de temá­tica LGTB en la prensa gene­ra­lista y cul­tu­ral. Y cuando se hace tiene una con­no­ta­ción inde­sea­ble, tal y como seña­laba desde el público el escri­tor y tra­duc­tor Lawrence Schi­mel a pro­pó­sito de una reseña de uno de sus libros publi­cada en El País, en la que se lamen­taba que todos los per­so­na­jes fue­ran homo­se­xua­les. “La lite­ra­tura gay sólo se reseña en junio”, lamentó Schi­mel, lan­zando a con­ti­nua­ción un indi­si­mu­lado guante a LEER para que se haga todo el año… Lo reco­gi­mos con gusto.

De nuevo desde el público, Álex Por­tero, escri­tor y librero, con­firmó la per­vi­ven­cia de con­duc­tas dis­cri­mi­na­to­rias en los res­pon­sa­bles de los esta­ble­ci­mien­tos… y de los clien­tes. Hasta en un público “pro­gre pero carca que nunca ha tole­rado ni a Capote”. El asunto es espe­cial­mente lla­ma­tivo cuando se trata de lite­ra­tura infan­til y juve­nil. “Hay niños que quie­ren libros de Thea, el con­tra­punto feme­nino de la serie de Gero­nimo Stil­ton, y sus padres no se los com­pran”. Lo res­paldó su com­pa­ñera librera María Herráez: “El Cora­line de Neil Gai­man, por ejem­plo, como sea para un niño no se lo lle­van”. Una com­bi­na­ción de “mie­dos, com­ple­jos y pre­jui­cios con­tra los que es impo­si­ble com­ba­tir; es como una golon­drina cho­cando con­tra un tan­que”, señaló Álex, quien no obs­tante relató la posi­tiva expe­rien­cia reciente en la Feria del Libro de Madrid, donde hubo “muchos jóve­nes com­prando libros y muy bien ele­gi­dos, y en temá­tica gay incli­nán­dose a la poe­sía, que siem­pre es más inter­pre­ta­ble”.  Sobre la Feria, a la que “sólo vamos por peda­go­gía”, Mili seña­laba que antes los muchos niños que van al cer­ta­men con sus cole­gios “se reían, corrían, huían” al pasar por su caseta. “Ahora los ado­les­cen­tes se acer­can, bro­mean con sus com­pa­ñe­ros gays, eh, mira, aquí está tu literatura…”.

Visto lo visto, ¿puede defen­derse con Fré­dé­ric Mar­tel, en su ensayo Glo­bal Gay, que la sub­cul­tura gay se ha con­ver­tido en el nuevo mains­tream? Al calor de la acep­ta­ción gene­ra­li­zada en las socie­da­des avan­za­das, ¿se han con­for­mado gays y les­bia­nas con asi­mi­larse a los patro­nes hete­ro­cen­tra­dos de pareja y familia?

Javier Sáez cons­tató que la nor­ma­li­za­ción se ha pro­du­cido “en el buen y en el mal sen­tido. El colec­tivo gay tenía unas for­mas de rela­ción nove­do­sas, muy abier­tas a la diver­si­dad y al cues­tio­na­miento de las iden­ti­da­des. Como reflejo de ello, desde el ensayo y el acti­vismo queer bus­cá­ba­mos pro­ble­ma­ti­zar las rela­cio­nes, las iden­ti­da­des de género esta­bles. Ahora eso se ha per­dido”. “Tene­mos que acep­tar que hay muchos homo­se­xua­les que quie­ren ser per­fec­tos hete­ros”, aña­dió Mili Her­nán­dez, e iro­nizó: “ahora lo tie­nen más fácil”. Sin aban­do­nar su pro­ver­bial mili­tan­cia, la alma mater de Ber­kana y Ega­les pidió «que se hagan más cosas. Falta lite­ra­tura juve­nil, cam­pa­ñas de con­cien­cia­ción, sec­cio­nes espe­cia­li­za­das en las biblio­te­cas de los cole­gios… Inter­net no puede sus­ti­tuirlo todo».