Revista leer

En la vida nunca con­si­gues lo que te mere­ces, sino lo que nego­cias”, esta frase reco­rre como un man­tra la última novela del diplo­má­tico indio Vikas Swa­rup, autor del acla­mado bes­tse­ller ¿Quiere ser millo­na­rio? (Anagrama, 2006) en el que se basó el guión de la osca­ri­zada Slum­dog Millio­naire. En aque­lla pri­mera novela Swa­rup nos trans­por­taba a la vida de un joven huér­fano sin edu­ca­ción y su vida en un slum o barrio mar­gi­nal de Bom­bay. Ahora cam­bia de ter­cio para aden­trar­nos en la vida de la sufrida clase media india a tra­vés de una mirada femenina.

AprendizporCasualidadSapna Sinha es una uni­ver­si­ta­ria frus­trada. Empleada en una tienda de elec­tro­do­més­ti­cos en Con­naught Place, la “Puerta del Sol” de Delhi, sueña con con­ver­tirse en escri­tora. Criada en la idí­lica Nai­ni­tal, una región coro­nada por un lago y el aire fresco de las mon­ta­ñas del Hima­laya, dis­fruta de una vida aco­mo­dada, y la opor­tu­ni­dad de reci­bir junto a sus her­ma­nas, una edu­ca­ción exqui­sita en un inter­nado inglés y una uni­ver­si­dad pri­vada donde se licen­cia en Lite­ra­tura Inglesa. El tras­lado trau­má­tico de la fami­lia a la capi­tal, donde ‘el cielo está des­pe­jado pero es impo­si­ble ver el sol detrás del tóxico cóc­tel de nie­bla que asfi­xia la ciu­dad cada invierno’, supone un repen­tino cam­bio en su des­tino tras la muerte del padre. La hija estu­diosa, el pro­yecto de fun­cio­na­ria de vida apa­ci­ble, se con­vierte en cabeza de familia.

La novela es un ejer­ci­cio de poner ante el espejo el diá­logo inte­rior de esa casi-mujer-adulta; la lucha por satis­fa­cer las nece­si­da­des de sus seres que­ri­dos, y encon­trar la manera de resol­ver las suyas. En el camino de remor­di­mien­tos y obli­ga­cio­nes de Sapna se cruza un mis­te­rioso empre­sa­rio con una oferta muy ten­ta­dora: el puesto de direc­tora gene­ral de un impe­rio valo­rado en diez millo­nes de dóla­res, un pro­to­tí­pico grupo empre­sa­rial indio ‘que fabrica todo tipo de cosas, desde den­tí­fri­cos hasta tur­bi­nas’, con la con­di­ción de que supere siete prue­bas para demos­trar su valía, el pre­texto de Swa­rup para rea­li­zar una crí­tica social de la India actual en cada prueba a la que enfren­tará a su heroína: la corrup­ción de empre­sa­rios y poli­cías, la explo­ta­ción de niños en fábri­cas, el acoso a las muje­res, con una tru­cu­lenta escena de ata­que de ácido incluida, los fuera de la ley pero toda­vía exis­ten­tes comi­tés de mora­li­dad que arre­glan matri­mo­nios for­za­dos en aldeas rura­les, la obse­sión por alcan­zar el esta­tus de VIP, o el racismo y los abu­sos de unas cas­tas a otras en una jerar­quía social impla­ca­ble. Swa­rup saca la arti­lle­ría de noti­cias que se suce­den a dia­rio en la India real. Cada capí­tulo pone sobre la mesa lo que puede escu­charse en los tele­dia­rios, ade­re­zado con una ración de con­se­jos sobre el mundo empre­sa­rial. Una novela con la inten­si­dad de una road­mo­vie y la cor­dura de un manual de moti­va­ción emprendedora.

Pre­ci­sa­mente la sen­sa­tez e inte­li­gen­cia emo­cio­nal de Sapna, que no duda en hacerse pasar por sir­vienta y seguir la corriente a per­so­nas sin escrú­pu­los, la ayu­da­rán a salir airosa de las situa­cio­nes más com­ple­jas. Tam­bién cierto halo de cuento de hadas. Apren­diz por casua­li­dad reúne todos los ingre­dien­tes para ser adap­tada al cine. De un ritmo tre­pi­dante y diá­lo­gos ági­les, su pátina bolly­woo­dense de final feliz y algo for­zado ofrece momen­tos de ver­dad narra­tiva del mejor Ara­vind Adiga, aque­lla que cuela al lec­tor en una man­sión en la que se extirpa de forma ile­gal los riño­nes, aque­lla que hace sen­tir el frío del már­mol bajo los piés des­cal­zos al entrar en un tem­plo, aque­lla que hace pen­sar que si Sapna pierde su tra­bajo pre­ca­rio al recha­zar las insi­nua­cio­nes del hijo del jefe, toda su fami­lia se que­dará en la calle por­que viven, no por encima de sus posi­bi­li­da­des, pero con el agua al cue­llo. Difí­cil esca­par a la magia de una vibrante novela de la India a la medida de una España poblada de vivien­das donde muchos uni­ver­si­ta­rios con cier­tas expec­ta­ti­vas han pasado a per­te­ne­cer al Lower Income Group.

GEMMA RAQUEL GARCÍA @gemmaraquel