Revista leer

Si bien no uti­liza dos nom­bres, como John Ban­vi­lle / Ben­ja­min Black, fla­mante Pre­mio Prín­cipe de Astu­rias de las Letras de este año, la bri­tá­nica Kate Atkin­son parece des­do­blarse en dos en su labor lite­ra­ria. Por un lado, nove­las que no se pue­den encua­drar en un género –aun­que emplee ele­men­tos de algu­nos de ellos– y, por otro, nota­bles incur­sio­nes en lo poli­ciaco, con la crea­ción de Jack­son Bro­die, quien, tras más de una década como poli­cía, ejerce como detec­tive pri­vado. Bro­die se pasea por Expe­dien­tes, Inci­den­tes, Espe­rando noti­cias y Me des­perté tem­prano y saqué al perro, títu­los que die­ron pie a una serie en la BBC, lo que pro­por­cionó a su autora una con­si­de­ra­ble popularidad.

314_H400505.jpgAntes de sacar a la luz en 2004 a su inves­ti­ga­dor, al que dota de las per­ti­nen­tes sin­gu­la­ri­da­des, por ejem­plo, su estu­dio del fran­cés, pues sueña con vivir una tran­quila jubi­la­ción en una casita rural en Fran­cia, Kate Atkin­son no era tan cono­cida, pero sí gozaba de con­si­de­ra­ble pres­ti­gio al haberse alzado en 1995 con el Pre­mio Whit­bread por su pri­mera novela, Behind the Sce­nes at the Museum, tra­du­cida en nues­tro país como Entre bas­ti­do­res. Y pre­ci­sa­mente años des­pués, en 2013, vol­ve­ría a obte­ner el mismo galar­dón, que pasó a deno­mi­narse Costa Book Award, por Life After Life, ahora apa­re­cida en espa­ñol bajo el título Una y otra vez en la edi­to­rial Lumen. Pre­mio al que se suma el South Bank Sky Arts Award for Lite­ra­ture tam­bién por esta novela, selec­cio­nada por The New York Times como uno de los diez mejo­res libros del pasado año.

En su pri­mera novela, Entre bas­ti­do­res, ya apa­re­cían algu­nas de las cla­ves de la lite­ra­tura de Kate Atkin­son, en su ver­tiente no gené­rica, que en Una y otra vez se explo­ran con mayor inten­si­dad. Sobre todo la huida de una con­cep­ción no lineal del relato, que, en Entre bas­ti­do­res, lle­vaba a la uti­li­za­ción de nume­ro­sos sal­tos en el tiempo, hacia delante y hacia atrás y no con­se­cu­ti­vos, y a que la his­to­ria nos lle­gase desde dis­tin­tos pun­tos de vista de miem­bros de la fami­lia de Ruby Len­nox, su pro­ta­go­nista. En Una y otra vez  se ofre­cen los mis­mos hechos en varias ver­sio­nes, con la que en buena medida se brinda más de una novela en un puzle que, no obs­tante, no es capri­choso ni per­si­gue el expe­ri­men­ta­lismo en sí o sim­ple­mente lla­mar la atención.

El juego al que nos invita Kate Atkin­son comienza desde el prin­ci­pio, tras un corto –bas­tan­tes de ellos lo son– y mis­te­rioso capí­tulo, que des­pués cobrará su cabal sen­tido, cuya acción se fecha en noviem­bre de 1930, y en el que una joven dis­para al Füh­rer. Así, al inicio asis­ti­mos a un naci­miento fallido: el de Ursula Todd en la noche del 11 de febrero de 1910. Su madre, Syl­vie, está de parto pero una copiosa nevada impide que pue­dan ir a su tiempo el médico y la coma­drona. Y, para más inri, “el bebe lle­gaba antes de hora. Creía que se retra­sa­ría como los demás. Hasta los pla­nes mejor tra­za­dos se tuer­cen, ya se sabe”. Todo ello desem­boca en tra­ge­dia: la pequeña se asfi­xia con el cor­dón umbi­li­cal. Inme­dia­ta­mente des­pués de esta des­gra­cia, somos tes­ti­gos de la misma situa­ción pero con un final feliz: a pesar de la nevada, el doc­tor Fello­wes la esquiva in extre­mis y la niña no se ahoga: “Con la vuelta de cor­dón que lle­vaba, habría muerto. He lle­gado a la Gua­rida del Zorro justo a tiempo. Se ha sal­vado por un tris, lite­ral­mente”.

Varias posi­bi­li­da­des, refe­ri­das a un número con­creto de suce­sos, mar­ca­rán y se repe­ti­rán a lo largo de la tra­yec­to­ria de Ursula, a quien acom­pa­ña­mos en su infan­cia y ado­les­cen­cia y en su juven­tud y edad adulta, en un reco­rrido cir­cu­lar desde 1910 hasta 1940, con una incur­sión en 1967. No hace falta decir que, dadas las fechas, el horror de la Segunda Gue­rra Mun­dial y, sobre todo, lo que los con­flic­tos béli­cos supo­nen para los civi­les –asunto ya pre­sente en Entre bas­ti­do­res–, desem­pe­ñan un papel fundamental.

Esta estruc­tura obe­dece, claro está, a la visión de hacer­nos muy cons­cien­tes de que “la línea entre la vida y la muerte era muy fina” y que la calma que a veces parece reinar es enga­ñosa, pues “era posi­ble per­derlo todo en un abrir y cerrar de ojos, en un san­tia­mén”. Uno de los per­so­na­jes de la novela se pre­gunta, y nos pre­gunta: “¿Y si tuvié­ra­mos la opor­tu­ni­dad de vivir una y otra hasta que nos saliera bien? ¿A qué sería mara­vi­lloso?”. Sí, sería mara­vi­lloso. A Ursula Todd le da esa opor­tu­ni­dad su crea­dora, Kate Atkin­son. Los demás, debe­mos con­for­mar­nos con leer esa opción en esta suge­rente novela que, sobre todo, nos encara a la fra­gi­li­dad de la existencia.

CARMEN R. SANTOS