Revista leer

La India tiene a sus espal­das una secu­lar his­to­ria, con figu­ras caris­má­ti­cas como Gandhi, y es posee­dora de una civi­li­za­ción que ha des­per­tado la ima­gi­na­ción de muchos occi­den­ta­les. Recor­de­mos, por ejem­plo, la extra­or­di­na­ria novela Pasaje a la India, de E. M. Fors­ter –lle­vada al cine en una no menos exce­lente pelí­cula por David Lean–, en la que el cho­que inter­cul­tu­ral apa­rece tra­tado en toda su com­ple­ji­dad. El país que refleja el relato de Fors­ter se encuen­tra toda­vía en su etapa colo­nial, una etapa que fina­liza en agosto de 1947, y cul­mina a comien­zos del año siguiente, cuando una nueva Cons­ti­tu­ción entra en vigor.  A par­tir de ese momento en el que la India se libera de la tutela bri­tá­nica y, sobre todo, en los últi­mos tiem­pos, comienza un camino lleno de logros que ha asom­brado al mundo. Hoy, el país asiá­tico, el segundo más poblado de la tie­rra, sigue inmerso en gran­des trans­for­ma­cio­nes, que lo han con­ver­tido en una de las nacio­nes con más rápido desa­rro­llo eco­nó­mico, casi a la par que China.

Para­le­la­mente, ha sabido con­so­li­dar la demo­cra­cia y se apre­cian seña­les, como la liber­tad de prensa y la abun­dan­cia de perió­di­cos –a dife­ren­cia de lo que ocu­rre en muchos otros luga­res aque­ja­dos de una gran cri­sis en el sec­tor–, que nos remi­ten a su buena salud demo­crá­tica. Sin olvi­dar tam­poco, por ejem­plo, que la expec­ta­tiva de vida en la India actual dobla a la de la década de los cin­cuenta, estando hoy en torno a los 66 años, lo que en rela­ción con la media occi­den­tal es bas­tante menor, pero que resulta un gran ade­lanto si se com­para con la que había, cifrada en unos 32 años. O el des­censo de la mor­ta­li­dad infan­til, ahora un cua­renta y cua­tro por mil naci­mien­tos, en con­traste con ciento ochenta en la década de los cincuenta.

Portada Una gloria inciertaDe todos los avan­ces de la India se nos habla en Una glo­ria incierta. India y sus con­tra­dic­cio­nes (Tau­rus), escrito por el eco­no­mista Jean Drèze, nacido en Bél­gica, pero ciu­da­dano de la India, donde vive desde 1979 y cuya nacio­na­li­dad obtuvo en 2002, y Amartya Sen (Shan­tin­ke­ten, India, 1933), Pre­mio Nobel de Eco­no­mía en 1998. Así cer­ti­fi­can: “Durante los últi­mos veinte años, la eco­no­mía india lo ha hecho muy bien en mate­ria de cre­ci­miento del pro­ducto inte­rior bruto (PIB): cerca del 6 por ciento anual en tér­mi­nos reales en la década de 1990 y más del 7 por ciento en la última década”. No tiene, sin embargo, nada de com­pla­ciente este tra­bajo con ese avance. Aun­que sus auto­res reco­no­cen el éxito de su país, les interesa muy espe­cial­mente, y este es el cen­tro de su obra, poner de mani­fiesto que no es oro todo lo que reluce y que esta­ría­mos cie­gos si solo con­tem­plá­se­mos la parte más posi­tiva. Cie­gos y, sobre todo, insen­si­bles ante una reali­dad atra­ve­sada por nume­ro­sas para­do­jas, en no pocos casos lace­ran­tes. Y ello por­que, apun­tan, “mien­tras la India ha ascen­dido rápi­da­mente en el índice de las tasas de cre­ci­miento eco­nó­mico, ha des­cen­dido en la escala de los indi­ca­do­res socia­les de las con­di­cio­nes de vida, incluso en com­pa­ra­ción con paí­ses a los cua­les la India aven­taja en mate­ria de cre­ci­miento económico”.

Drèze y Sen se pre­gun­tan “hasta qué punto han sido erra­di­ca­dos los vie­jos pro­ble­mas de la India” y lle­van a cabo un exhaus­tivo reco­rrido por los défi­cits que acu­mula el país a los que se debe encon­trar solu­cio­nes con urgen­cia. Por ejem­plo, la pobreza, pues, pese al desa­rro­llo eco­nó­mico, millo­nes de hin­dúes viven prác­ti­ca­mente en la mise­ria, o la len­tí­sima implan­ta­ción de la edu­ca­ción, ele­mento esen­cial para el ver­da­dero pro­greso, recor­dando Dréze y Sen la apre­cia­ción  de Tagore al seña­lar: “En mi opi­nión, la impo­nente torre de mise­ria que hoy per­ma­nece en el cora­zón de la India tiene su fun­da­mento en la falta de edu­ca­ción”.  Diag­nós­tico que, si bien les parece un tanto exa­ge­rado, juz­gan cer­tero y toda­vía vigente. De igual forma, muy defec­tuoso es el sis­tema sani­ta­rio, ya que, expli­can, el gasto público en sani­dad se ha movido alre­de­dor del 1 % del PIB en los últi­mos veinte años, lo que hace de la India uno de los paí­ses que menos gas­tan en este campo, impres­cin­di­ble para los ciudadanos.

Pero, quizá una de las mayo­res y más hirien­tes rémo­ras que per­ma­nece en la India sea la de una terri­ble desigual­dad que se mani­fiesta en prác­ti­ca­mente todos los ámbi­tos: “Todos los paí­ses del mundo –seña­lan Drèze y Sen– tie­nen desigual­da­des de varias cla­ses. La India, sin embargo, tiene una mez­cla única de divi­sio­nes y dis­pa­ri­da­des leta­les. Pocos paí­ses tie­nen que enfren­tarse a tan extre­mas desigual­da­des en tan­tas dimen­sio­nes, inclui­das gran­des desigual­da­des eco­nó­mi­cas y dis­pa­ri­da­des de casta, de clase y de género”. Una desigual­dad que, por ejem­plo en el caso de la de género, está en la base de la vio­len­cia con­tra las muje­res, que tiene en las vio­la­cio­nes en grupo una de sus exhi­bi­cio­nes más repugnantes.

Este ensayo, sin duda, con­tri­buye a una mejor com­pren­sión de un país repleto de con­tras­tes, un autén­tico curry de para­do­jas, que debe afron­tar múl­ti­ples desa­fíos, y ha de esta­ble­cer una socie­dad más justa, igua­li­ta­ria y soli­da­ria por la que apues­tan sus auto­res. De no ser así, como reza el suges­tivo título de la obra –un gran hallazgo haberlo tomado de un pasaje de la pieza sha­kes­pe­reana Los dos hidal­gos de Verona–, la “ala­bada glo­ria de la India” sumará cada vez mayor incer­ti­dum­bre. Ahora mismo ya hay, advier­ten Jean Drèze y Amar­tay Sen, “oscu­ros nuba­rro­nes y torren­cia­les agua­ce­ros en acción”.

CARMEN R. SANTOS