Revista leer

¿No serán el viento y la tor­menta la auto­ría y la gran­deza de la cate­dral?, afirma Aguste Rodin en las  pági­nas de Las cate­dra­les de Fran­cia (Abada Edi­to­res). El 1 de sep­tiem­bre de 1902 Rai­ner Maria Rilke cono­ció al gran escul­tor fran­cés. Tres años des­pués rea­li­za­ron una excur­sión a “ese anda­mio hacia el cielo” que es Char­tres: “¿Qué es esa línea arcaica? Es el Ángel. El Ángel de Chartres”.

Las catedrales de FranciaSeis años des­pués realizó su escul­tura de dos manos dere­chas, ape­nas rozán­dose con las pun­tas de los dedos y orien­ta­das hacia el cielo que, tras la publi­ca­ción de este libro en 1914, se le dio el nom­bre de La cate­dral. Rodin había escrito: “Una cate­dral son dos manos que se unen en ora­ción”. Este dia­rio de viaje a lo largo de cua­renta años por cate­dra­les fran­ce­sas, con final en su visita a Char­tres en com­pa­ñía de Rilke, revela la pasión y la admi­ra­ción que sen­tía Rodin por estos tem­plos. Con casi setenta años, reunió los tex­tos de esas visi­tas junto a un cen­te­nar de dibu­jos, fruto de su –casi obse­sivo– inte­rés por el mundo de las cate­dra­les góticas.

Para Rodin, este libro inten­taba pagar una deuda por la feli­ci­dad que le habían pro­por­cio­nado y, a la vez, deseaba con­tri­buir a sal­var lo que aún per­ma­ne­cía intacto, ante la indi­fe­ren­cia de sus con­tem­po­rá­neos. Texto y dibu­jos se dan la mano en una sín­te­sis admi­ra­ble, pero la poe­sía que impregna las pala­bras de Rodin es excelsa. Ade­más de una lúcida intro­duc­ción de Caro­lina B. Gar­cía Esté­vez y los dibu­jos ori­gi­na­les de Rodin, esta exqui­sita edi­ción se com­ple­menta con las foto­gra­fías monu­men­ta­les de la Misión Helio­grá­fica que reco­rrió Fran­cia entre 1843 y 1853 para rea­li­zar un cor­pus del legado arqui­tec­tó­nico francés.

JUAN LUIS PUENTE