Revista leer

En el poema “Ins­tan­tes”, de dudosa auto­ría, si bien atri­buido por lo gene­ral a Jorge Luis Bor­ges, lee­mos: «Si pudiera vol­ver atrás tra­ta­ría de tener / sola­mente bue­nos momen­tos […] // Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo”. El pro­ta­go­nista de la novela Si pudiera vol­ver atrás (Pla­neta) no tiene tan avan­zada edad –está cerca de la cua­ren­tena–, pero sí se está muriendo. Y parece que tiene la opor­tu­ni­dad de que su vida vaya por otros derro­te­ros, pues le resulta posi­ble vol­ver atrás. Andrew Stil­man, el per­so­naje ideado por el escri­tor fran­cés Marc Levy, es un pres­ti­gioso perio­dista de The New York Times  –es en la ciu­dad de los ras­ca­cie­los donde se desa­rro­lla el relato–, que ha ido ascen­diendo en la empresa desde que entró con vein­ti­trés años como beca­rio. Andrew es inge­nioso y tiene tanto éxito en su tra­bajo como poca for­tuna en el ámbito per­so­nal. Aun­que de su vida infe­liz, por mucho que no quiera en prin­ci­pio reco­no­cerlo, nadie tiene la culpa, salvo él mismo. Simon, su amigo del alma, a veces le repro­cha su com­por­ta­miento, pero con esca­sos resul­ta­dos. Por­que Andrew Stil­man, pese a que ya no es pre­ci­sa­mente un joven­cito, tiene una per­so­na­li­dad inma­dura, que huye del com­pro­miso como de la peste con mil subterfugios.

Portada de Si pudiera volver atrásEsa acti­tud se pone espe­cial­mente de mani­fiesto en la reac­ción que tiene ante su boda. Andrew acaba de casarse con Valé­rie Ram­say, su anti­gua com­pa­ñera de ins­ti­tuto y con la que ha vuelto a reen­con­trarse de manera casual, pero la misma noche de su enlace la aban­dona, con el argu­mento de que ha dejado de que­rerla al cono­cer por azar a otra mujer en un bar, de la que no sabe ni su nom­bre, pero que le obse­siona. En esta tesi­tura, un día, mien­tras hace foo­ting por River Park a las siete de la mañana, alguien le apu­ñala por la espalda de forma inopi­nada. Andrew siente un terri­ble dolor, comienza a desan­grarse y se des­maya. Pero se pro­duce una extraña cir­cuns­tan­cia: el exi­toso perio­dista de The New York Times se des­pierta dos meses antes del día en el que sufrió la agre­sión. En ese momento, toda­vía no se ha casado ni han suce­dido las cosas que han ido pasado en esos sesenta días. Con ese viaje de vuelta al pasado, Andrew cuenta con un tiempo para des­cu­brir quién ha inten­tado ase­si­narle y para replan­tearse las deci­sio­nes que había tomado, sobre todo si real­mente quiere casarse con Valé­rie o pre­fiere seguir el ras­tro de la mujer que tanto le per­tur­baba “desde que sus mira­das se habían encontrado”.

La vida no es como uno de esos apa­ra­tos moder­nos en los que basta con pul­sar un botón para rebo­bi­nar hasta un momento deter­mi­nado. No se puede vol­ver atrás, y algu­nos de nues­tros actos tie­nen con­se­cuen­cias irre­pa­ra­bles. Como encan­di­larse de una ilus­tre des­co­no­cida, por muy cau­ti­va­dora que sea, la vís­pera de su boca. Si se obceca, mucho me temo que pueda lle­gar a lamen­tarlo seria­mente, por no men­cio­nar el daño que haría a quie­nes lo rodean”, le dice a Andrew su sas­tre, el señor Zanetti, que le está con­fec­cio­nando el traje de boda. Resulta, sin embargo, que, por obra y magia de Marc Levy, la vida de su cria­tura sí puede rebo­bi­narse. ¿Qué hará Andrew con ese raro pri­vi­le­gio? A la vez que Andrew se replan­tea su exis­ten­cia, se nos sumerge en un thri­ller a tra­vés de la inves­ti­ga­ción que rea­liza para escri­bir un artículo, bus­cando a un sinies­tro per­so­naje que par­ti­cipó en la repre­sión durante la dic­ta­dura argen­tina del gene­ral Videla. Pes­qui­sas que le obli­gan a via­jar a Bue­nos Aires.

El ful­gu­rante éxito de Marc Levy no es extraño. Quizá sea una exa­ge­ra­ción publi­ci­ta­ria decir, como se ase­gura en el resu­men sobre su tra­yec­to­ria, que es el autor más leído en Fran­cia. Pero está claro que el escri­tor, que vive a caba­llo entre París y Nueva York, pro­pone unas tra­mas que conec­tan con el ima­gi­na­rio de millo­nes de lec­to­res. Así, ha vuelto a dar en la diana con esta novela, que, sin duda, nos sitúa ante una posi­bi­li­dad muy ten­ta­dora, pues quién no ha bara­jado lo bueno que sería poder dar mar­cha atrás y tener la opor­tu­ni­dad de cam­biar el rumbo vital. O no modi­fi­carlo, pero tener la oca­sión de pen­sarlo con cierta calma, sin la pre­mura que muchas veces nos exi­gen las cir­cuns­tan­cias.  De hecho, el pro­pio Marc Levy dio un giro a su exis­ten­cia cuando, tras desem­pe­ñar varios tra­ba­jos –como soco­rrista, fun­da­dor de una empresa espe­cia­li­zada en ima­gen digi­tal y, luego, poner en mar­cha una firma de arqui­tec­tura–, decide entre­garse a la lite­ra­tura y escri­bir una novela, Ojalá fuera cierto (Et si c’était vrai…), publi­cada en el año 2000, que se con­vierte rápi­da­mente en un bes­tse­ller  a escala inter­na­cio­nal y es lle­vada al cine por Mark Waters. Con Si pudiera vol­ver atrás, el entre­te­ni­miento está ase­gu­rado, ade­más de espo­lear­nos con pre­gun­tas que no dejan de ser cuando menos inquietantes.

CARMEN R. SANTOS