Revista leer
CSLewisBookCover_smRialp publica en España la más reciente bio­gra­fía de C.S. Lewis a cargo del teó­logo bri­tá­nico Alis­ter McGrath. En LEER nos ade­lan­ta­mos a la edi­ción espa­ñola: en el mes de noviem­bre, coin­ci­diendo con el 50º aniver­sa­rio de la muerte del autor de “Las cró­ni­cas de Nar­nia” y den­tro del amplio des­plie­gue dedi­cado a su obra y figura inte­lec­tual, Maica Rivera habló con McGrath. Recu­pe­ra­mos ahora aquel testimonio. 
 

Entre­vista / Alis­ter McGrath

¿Por qué era nece­sa­ria una nueva bio­gra­fía de C.S. Lewis?

Por­que no estuvo dis­po­ni­ble para los pri­me­ros bió­gra­fos la edi­ción com­pleta de sus car­tas, que ofrece en el pre­sente impor­tan­tes pers­pec­ti­vas de su pen­sa­miento y desa­fía algu­nas creen­cias sobre las fechas exac­tas de su con­ver­sión del ateísmo al teísmo y, más tarde, al cris­tia­nismo. Ade­más, he des­cu­bierto nuevo mate­rial de archivo que arroja luz al período de 1910 a 1920.

¿Qué faceta del autor habría que reivindicar?

La aca­dé­mica, que ha sido la gran olvi­dada durante lar­gos años. Por­que el público de hoy le ensalza sobre todo como el crea­dor del mundo de Nar­nia y de algu­nas obras muy atrac­ti­vas sobre apo­lo­gé­tica cristiana.

¿Cómo valora la evo­lu­ción de fenó­meno lewisiano?

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Alis­ter McGrath.

Lewis creía que nos olvi­da­ría­mos de él cinco años des­pués de su muerte y fue­ron muchos quie­nes com­par­tie­ron su erró­nea pre­dic­ción. En ver­dad, los fuer­tes cam­bios cul­tu­ra­les que acon­te­cie­ron en Occi­dente durante la década de los sesenta mina­ron su atrac­tivo pero, des­pués, se recu­peró su figura en la década de los setenta y prin­ci­pios de los ochenta. En parte, esto resultó posi­ble por­que des­ta­ca­das per­so­na­li­da­des ame­ri­ca­nas de creen­cias cris­tia­nas comen­za­ron a reco­men­darlo; y tam­bién por­que su ape­la­ción a la ima­gi­na­ción empezó a encon­trar eco entre las ten­den­cias de la cul­tura post­mo­derna. No alcan­za­mos a com­pren­der real­mente el pro­ceso que le llevó a reves­tir tan alto grado de impor­tan­cia pero la con­se­cuen­cia es que hoy está fir­me­mente con­so­li­dado como uno de los ico­nos lite­ra­rios y reli­gio­sos más sig­ni­fi­ca­ti­vos del siglo XX.

De su pro­pia vida, ¿cuá­les fue­ron los momen­tos clave?

En pri­mera ins­tan­cia, la muerte de su madre por cán­cer (1908) que, aca­bando con todas sus segu­ri­da­des infan­ti­les, le pudo pro­vo­car esa bús­queda de la figura materna que encon­tra­ría en la señora Moore (madre de su com­pa­ñero de bata­llón en la Pri­mera Gue­rra Mun­dial, Paddy Moore). Tam­bién su elec­ción como miem­bro y tutor del Mag­da­len College de Oxford (1925), que le faci­litó una sólida base aca­dé­mica sobre la que cons­truir su carrera. Final­mente, su deci­sión de escri­bir un libro apo­lo­gé­tico sobre el sufri­miento, El pro­blema del dolor (1940), le gran­jeó su repu­tación como apo­lo­gista y le pro­pi­ció la invi­ta­ción de la BBC para pro­mul­gar las famo­sas “trans­mi­sio­nes en tiempo de gue­rra” que con­so­li­da­ron defi­ni­ti­va­mente ese prestigio.

¿Cómo debe­mos leer a Lewis?

La mayo­ría de sus obras se siguen impri­miendo y son muy acce­si­bles. Para obte­ner un máximo pro­ve­cho de ellas, siem­pre será un gran apoyo el tener un mayor cono­ci­miento de las ideas del autor. Ésa fue una de las razo­nes que me impul­sa­ron a escri­bir esta nueva bio­gra­fía: ayu­dar a los lec­to­res, espe­cial­mente a los de Las Cró­ni­cas de Nar­nia, a sacar más par­tido de la experiencia.

Des­taca que la lite­ra­tura lewi­siana sigue siendo muy popular…

Sí. De hecho, Lewis es ahora más leído que nunca. Sobre ello versó mi reciente dis­curso en el C.S. Lewis Jubi­lee Fes­ti­val, orga­ni­zado por la Holy Tri­nity Church (Hea­ding­ton Qua­rry, Oxford) a la que Lewis per­te­ne­ció de 1930 a 1963 (está ente­rrado en su cementerio).

MAICA RIVERA

Portada 247Una ver­sión de esta entre­vista fue ori­gi­nal­mente publi­cada en el número de noviem­bre de 2013, 247, de la Revista LEER (cóm­pralo en tu quiosco, en el Quiosco Cul­tu­ral de ARCE, o mejor aún, sus­crí­bete).