La divisa global en gramos

Roverto Saviano, el efi­caz autor de Gomo­rra que ha hecho de su figura pública un per­so­naje bajo cons­tante peli­gro –ha de acu­dir per­ma­nen­te­mente escol­tado a todas par­tes, con la ame­naza de muerte de la mafia sobre su cabeza– por sus nove­las de denun­cia, acaba de publi­car este autén­tico informe poli­cial sobre cómo la cocaína gobierna el mundo. Colom­bia, pri­mera poten­cia mun­dial de la coca, estaba regida por cow­boys de la droga dis­per­sos por todo el terri­to­rio. Jóve­nes ambi­cio­sos lle­na­ron el vacío jerár­quico pro­pi­ciado por esa dis­per­sión: sur­gen de la nada, acu­mu­lan dinero, se ganan el res­peto y tra­zan redes de dis­tri­bu­ción sir­vién­dose de peque­ñas embar­ca­cio­nes y avio­nes. Des­pués, bajo la máxima “plata o plomo”, bus­can pro­tec­ción polí­tica y poli­cial –en Colom­bia, si eres un polí­tico o un poli­cía, te dejas corrom­per o te liquidan–.

CeroCeroCeroLos padri­nos de Mede­llín lle­van a cabo su par­ti­cu­lar leva de jóve­nes dis­pues­tos a todo en los barrios más pobres. Así, el sis­tema del oro blanco de Colom­bia se ha con­ver­tido en un mono­po­lio cuya red de dis­tri­bu­ción alcanza los luga­res más insos­pe­cha­dos del globo. La cocaína, dice Saviano en esta novela perio­dís­tica o cró­nica nove­lada –a él le importa menos la per­fec­ción de los per­so­na­jes que los datos estre­me­ce­do­res que ha reco­gido en infor­mes poli­cia­les–, es la moneda de cam­bio de la eco­no­mía mun­dial, regida por los nar­cos, en una gue­rra mun­dial sote­rrada que la socie­dad pre­fiere no ver.

Saviano en su dos­sier –por­que así podría­mos cali­fi­car su extra­or­di­na­rio tra­bajo de inves­ti­ga­ción– nos des­cu­bre que hay dos cla­ses de rique­zas: las que cuen­tan el dinero y las que lo pesan, los capi­ta­les –muchos pro­ve­nien­tes del nar­co­trá­fico– donde se real­mente se aglu­tina el poder. Las reglas que rigen esta socie­dad son anti­guas y per­mi­ten a las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les tra­tarse de poder a poder: las mafias ita­lia­nas, los nar­cos sud­ame­ri­ca­nos y los cár­te­les mexi­ca­nos, que tra­fi­can con tone­la­das de droga bajo pala­bra. Estos hom­bres fac­tu­ran anual­mente miles de millo­nes de euros, una bur­gue­sía más sólida que la mayo­ría del resto de las fami­lias empre­sa­rias, ale­jada del este­reo­tipo que ha cons­truido de ellas el cine. Se trata de empre­sa­rios que se han hecho a sí mis­mos, que se han dejado guiar por su pro­pio sen­tido de los nego­cios y bur­gue­ses de las capi­ta­les que van más allá de la empresa pública y se sir­ven muchas veces de ella para dar el salto a la vida cri­mi­nal. Jerár­quica, estruc­tu­ral, pira­midal, esta socie­dad ali­men­tada de cár­te­les que envían dinero a agen­cias dis­tri­bui­das estra­té­gi­ca­mente por todo el globo ges­tio­na­das por poten­tes agen­cias y sus filia­les mueve estos millo­nes de dóla­res mediante trans­fe­ren­cias tele­má­ti­cas para com­prar títu­los y bie­nes e ir así blan­queando el sala­rio del crimen.

Capí­tulo aparte mere­cen los delin­cuen­tes de la Mafiya rusa que Saviano des­cribe como hom­bres que saben per­fec­ta­mente que no se puede man­dar en este terreno sin saber dis­pa­rar, y que no con­ci­ben dis­pa­rar… sin saber inver­tir. El sinies­tro des­file de per­so­na­jes es tan real que el lec­tor que no se haya aso­mado al abismo del trá­fico masivo de estu­pe­fa­cien­tes sen­tirá que durante toda su vida ha vivido igno­rante. Los asun­tos que el libro pone sobre la mesa son de vital impor­tan­cia para todo un con­ti­nente y habi­tual­mente los medios de comu­ni­ca­ción solo lle­gan a des­cu­brir la punta del ice­berg; de hecho, dece­nas de perio­dis­tas han per­dido la vida a manos de los nar­co­tra­fi­can­tes. El cúmulo de prue­bas esgri­mido por Saviano en este gran relato perio­dís­tico sobre la invo­lu­cra­ción de las más altas esfe­ras guber­na­men­ta­les y empre­sa­ria­les es tal que uno se pre­gunta cómo es posi­ble que el autor napo­li­tano con­ti­núe aún con vida. Que sea por muchos años.

DAVID FELIPE ARRANZ

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