Revista leer

Desde que en 2003, mediada la ela­bo­ra­ción del Dic­cio­na­rio Bio­grá­fico Espa­ñol, se aso­mara a las pági­nas de LEER para pre­sen­tar la gran obra de la Real Aca­de­mia de la His­to­ria, Gon­zalo Anes, falle­cido ayer en Madrid a los 82 años, ha sido una pre­sen­cia habi­tual en esta revista. Ocu­pando en mayo de 2008 el escaño de La Con­ver­sa­ción del edi­tor de esta casa, José Luis Gutié­rrez, que sería vol­cada pos­te­rior­mente en su libro Gente Rara (Sial/LEER, 2009). Des­pués, en 2011, cuando nos mos­tró orgu­lloso la mate­ria­li­za­ción de los esfuer­zos del equipo del Bio­grá­fico enca­be­zado por su direc­tor téc­nico, Jaime Olmedo; sus die­ci­séis pri­me­ros volúmenes.

Gonzalo Anes en 2011, con los primeros tomos del Diccionario Biográfico Español (Foto: Ricardo Torres).
Gon­zalo Anes en 2011, con los pri­me­ros tomos del Dic­cio­na­rio Bio­grá­fico Espa­ñol (Foto: Ricardo Torres).

Un año des­pués asis­ti­mos a su pre­sen­ta­ción solemne ante los Reyes en la Real Aca­de­mia de la His­to­ria. El reflejo de aque­llo en LEER tuvo nece­sa­ria­mente que incor­po­rar la polé­mica que días des­pués se desató a pro­pó­sito de la bio­gra­fía de Fran­cisco Franco rea­li­zada por Luis Suá­rez, en la que el his­to­ria­dor evi­taba deli­be­ra­da­mente las pala­bras dic­ta­dor y dic­ta­dura para refe­rirse al per­so­naje y su régi­men. Aque­llo puso en mar­cha una des­pro­por­cio­nada cam­paña de des­cré­dito, perio­dis­tas espi­gando en los volú­me­nes que iban saliendo en busca de otras bio­gra­fías ata­ca­das por el bicho de la reac­ción. “Vie­nen todos los días a hojear el Dic­cio­na­rio y no encuen­tran nada; sim­ple­mente por­que no que­dan fran­quis­tas que pue­dan escri­bir bio­gra­fías con ese sesgo”, res­pon­día Anes enton­ces. “Se ha que­rido pro­pa­lar que el dic­cio­na­rio evita lla­mar dic­ta­dor a Franco y dic­ta­dura a su régi­men, y eso es men­tira. Hay cien­tos de bio­gra­fías en las que se llama dic­ta­dor a Franco y al régi­men dic­ta­dura”, aña­día Olmedo en los pri­me­ros com­pa­ses de la polémica.

Lo cierto es que afloró alguna bio­gra­fía más que hirió sen­si­bi­li­da­des, y entre­tanto llegó la pro­po­si­ción no de ley apro­bada por el Con­greso para con­ge­lar la sub­ven­ción al Dic­cio­na­rio, la comu­ni­ca­ción del Minis­te­rio para revi­sar la obra, el nom­bra­miento de una Comi­sión Aca­dé­mica, la revi­sión de varias entra­das… Menos de una cin­cuen­tena entre las más de 40.000 bio­gra­fías. Durante el pro­ceso, Gon­zalo Anes atrajo hacia sí toda la poten­cia de la polé­mica, las crí­ti­cas jus­ti­fi­ca­das y las menos, libe­rando de la pre­sión mediá­tica al esfor­zado equipo del Dic­cio­na­rio, res­pon­sa­ble de coor­di­nar a miles de auto­res y de ges­tio­nar una base de datos con casi un cuarto de millón de per­so­na­jes históricos.

Vimos a Anes por última vez el pasado mes de diciem­bre, durante la pre­sen­ta­ción en la Casa de ABC de la reedi­ción de La sina­goga vacía de Gabriel Albiac; su acos­tum­brada «fina, esbelta y fibrosa estampa de jinete» (Gutié­rrez dixit), la luci­dez de su magis­tral inter­ven­ción sobre las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas de los Paí­ses Bajos en tiem­pos de Spi­noza, no hacía pre­ver su muerte. Echa­re­mos de menos a Anes, siem­pre afec­tuoso con esta casa, espe­cial­mente en el trance del falle­ci­miento de nues­tro edi­tor. Algu­nas de las pala­bras más emo­cio­nan­tes de las pro­nun­cia­das en el home­naje a José Luis Gutié­rrez cele­brado en el Ate­neo de Madrid el 25 de junio de 2012 fue­ron suyas. Aquí va nues­tro recuerdo.

BORJA MARTÍNEZ