Revista leer

Hay momen­tos his­tó­ri­cos, eta­pas de la vida y hasta épo­cas de ins­pi­ra­ción colec­tiva que siem­pre for­ma­rán parte de nues­tro pre­sente y no sólo por­que éste en buena medida sea una con­se­cuen­cia de aque­llos, sino por­que, más allá de la ver­sa­ti­li­dad de la memo­ria, hay ele­men­tos recu­rren­tes que per­sis­ten y con­di­cio­nan nues­tro deve­nir cotidiano.

Via­jar a ese pre­sente es, más que un reto, en oca­sio­nes una nece­si­dad; pero, como todo viaje, con­lleva una serie de ries­gos que tan­tas veces infie­ren en la luci­dez con que se aprehende cada nuevo redes­cu­bri­miento como tan­tas en los cir­cui­tos de la memo­ria que asiste al viaje. De la dis­po­si­ción con que se emprenda y del vehículo ele­gido depen­derá que éste no se con­vierta en un ajuste de cuen­tas con el ori­gen más íntimo de esa nece­si­dad de via­jar y, en el punto final del relato que se deriva del pro­pio viaje, su reper­cu­sión en los demás.

A nadie se le oculta que la tran­si­ción espa­ñola, y sus con­se­cuen­cias inme­dia­tas para una socie­dad que des­per­taba aún sobre­sal­tada de una larga dic­ta­dura, es uno de esos pre­sen­tes a los que de vez en cuando nece­si­ta­mos via­jar. Como tam­poco, a mi pare­cer, que escri­bir sobre lo que tanto se ha escrito es un ejer­ci­cio valiente pero que reta a la redun­dan­cia y a la ausen­cia de ori­gi­na­li­dad, por cuanto que el relato de lo suce­dido ya está escrito y desde las pers­pec­ti­vas muy variadas.

foto-movidaLa Novela, esa vieja fór­mula –para muchos enferma de nece­si­dad– que aún es capaz de  resol­ver las incóg­ni­tas que se des­pren­den de las ecua­cio­nes lite­ra­rias, tamiza los ries­gos, si bien no las inten­cio­nes. El género ele­gido por Miguel Mena en Foto movida (Suma), negro o poli­ciaco (que de ambos tiene), tan en boga en la actua­li­dad, deli­mita aún más el espa­cio y, asi­mismo, la posi­bi­li­dad de errar el rumbo, pues con­vierte en esce­na­rio dicho espa­cio y el mundo que toda­vía esconde.

No es la pri­mera vez que Mena, madri­leño afin­cado en Zara­goza y hom­bre de radio, viaja al “pre­sente de la tran­si­ción”, ni que lo hace de la mano del ins­pec­tor Luis Mai­nar, gran cono­ce­dor de las coor­de­na­das bajo las que ha de lle­varse a cabo la inves­ti­ga­ción y de las incóg­ni­tas que inter­vie­nen desde todos los órde­nes de la vida en que ese espa­cio sea como es.

En Foto movida, la muerte por sobre­do­sis de una ado­les­cente en el lavabo de una dis­co­teca nos sitúa en 1983, con la ale­gre resaca de haber sobre­vi­vido a un intento de golpe de Estado, un nuevo par­tido (el PSOE) en el Gobierno y en plena Movida, reflejo y sím­bolo de un cam­bio pro­fundo en las estruc­tu­ras de la socie­dad que ya no admi­tía réplicas.

La nece­si­dad de hacerse visi­bles redun­daba en la alga­ra­bía que pro­vo­caba esa visi­bi­li­dad. Pisar la calle, vivir la noche, mirar al futuro desde la luz del apren­di­zaje, sabo­rear lo nuevo incluso hasta el exceso, incluso las som­bras que oscu­re­cie­ron la mirada (las dro­gas, ETA, etc…) y deja­ron tan­tos cadá­ve­res en ese viaje al pre­sente que toda­vía es futuro incierto.

Muchas cosas sabía­mos antes de ini­ciar el relato de Mena, otras las supo­nía­mos, otras se nos des­cu­bren a par­tir de la muerte de una niña por sobre­do­sis: la pri­mera incógnita.

AURELIO LOUREIRO

Tea­ser «EL FUTURO» de ela­me­dia en Vimeo. La pelí­cula de Luis López Carrasco (Mur­cia, 1981) es un retrato sim­bó­lico de la época que refleja Foto movida. “El futuro” arranca en clave docu­men­tal, con la vic­to­ria socia­lista de 1982, y se desa­rro­lla en una fiesta domés­tica a tra­vés de las evo­lu­cio­nes de los per­so­na­jes y de la exce­lente selec­ción musi­cal que ahoga deli­be­ra­da­mente la mayo­ría de diálogos.