Nothomb y su vuelta de tuerca a Perrault

La escri­tora belga en len­gua fran­cesa (aun­que nacida en Japón donde su padre fue emba­ja­dor) Amé­lie Not­homb escribe con impla­ca­ble regu­la­ri­dad una novela al año. Prác­ti­ca­mente desde que se dio a cono­cer con Higiene del ase­sino. En este título apa­re­cie­ron ya muchos de los ele­men­tos de su tan sin­gu­lar como intere­sante narra­tiva, que no deja de tener como su figura, o mejor dicho, su figura pública, un punto de extra­va­gan­cia. En Higiene del ase­sino  nos pre­sen­taba a Pre­tex­tat Tach, un anciano Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura aque­jado de un extraño cán­cer que le situaba a las puer­tas de la muerte. En estas cir­cuns­tan­cias, aun­que Tach odia las entre­vis­tas, decide con­ce­der­las: pero solo a cinco perio­dis­tas, selec­cio­na­dos por su secre­ta­rio. En una de ellas, sale a la luz un secreto de su pasado. La novela, for­mada en esen­cia por las con­ver­sa­cio­nes entre Tach y los perio­dis­tas y las que estos man­tie­nen entre sí, nos mos­traba a un pro­ta­go­nista cruel y cínico, así como una visión del mundo no pre­ci­sa­mente com­pla­ciente, en la que el mal no resulta ajeno, sino todo lo contrario.

A estos com­po­nen­tes se ha man­te­nido en esen­cia fiel la autora en buena parte de su no cier­ta­mente esca­sea pro­duc­ción. Por ejem­plo, en Ácido sul­fú­rico, donde nos sumerge en un reality show, lla­mado “Con­cen­tra­ción”, en el que sus par­ti­ci­pan­tes son per­so­nas secues­tra­das al azar por las calles de París y lle­va­das a un campo de exter­mi­nio. Lo que allí sucede, y uste­des, aun­que no hayan leído la novela se lo pue­den ima­gi­nar, se retrans­mite en directo para el deleite de audien­cias millonarias.

Maquetación 1

En Barba Azul (Anagrama), su última pro­puesta publi­cada en España (ya ha apa­re­cido en Fran­cia una pos­te­rior, La nos­tal­gia feliz, sobre el país donde nació) tam­bién está la inquie­tante cues­tión de la exis­ten­cia del mal, y un pro­ta­go­nista cruel y cínico, si bien reves­tido de seduc­tor: el aris­tó­crata espa­ñol Ele­mi­rio Nibal y Míl­car, exqui­sito chef en la cocina de su pala­cio, donde se ha enclaus­trado sin pisar el exte­rior durante veinte años, y voraz lec­tor de Bal­ta­sar Gra­cián, Ramon Llull y las actas de los pro­ce­sos de la Inqui­si­ción. En su lujosa man­sión alquila una no menos lujosa y cómoda habi­ta­ción por un módico pre­cio, sobre todo teniendo en cuenta lo astro­nó­mico de los alqui­le­res en el cen­tro de la capi­tal de Fran­cia. Por esa habi­ta­ción han pasado ocho muje­res que des­a­pa­re­cie­ron mis­te­rio­sa­mente. A ella llega ahora una nueva inqui­lina, la joven belga Satur­nine Puis­sant, con­tra­tada como pro­fe­sora sus­ti­tuta en la Escuela del Louvre.

Ante su sor­presa y des­con­cierto, la bella Satur­nine, mucho más joven que Ele­mi­rio, es ele­gida por éste con rapi­dez, en detri­mento de las nume­ro­sas aspi­ran­tes a ocu­par el cuarto. El aris­tó­crata le enseña su sun­tuosa resi­den­cia y le explica las con­di­cio­nes del con­trato. En su reco­rrido lle­gan a una puerta pin­tada de negro, frente a la que le dice: “Ésta es la entrada del cuarto oscuro, en el que revelo mis foto­gra­fías. No está cerrado con llave, cues­tión de con­fianza. Doy por sen­tado que entrar aquí está prohi­bido. Si usted decide entrar, lo sabré, y lo pagará caro”. Satur­nine, no obs­tante, se queda con el alqui­ler, harta de vivir en cocham­bro­sos, pero carí­si­mos, tugu­rios. Y en su estan­cia cena casi todas las noches con el dueño del pala­cio, que desde el prin­ci­pio le declara su amor, y con quien man­tiene inge­nio­sas char­las, rega­das con el más exqui­sito cham­pán. Satur­mine y Ele­mi­rio con­ver­san, en un com­bate dia­léc­tico, de esté­tica, de la armo­nía de los colo­res, de amor, de Job y de la atro­ci­da­des que se refle­jan en la Biblia, de cómo es posi­ble que Dios per­mita el mal, entre otros asuntos.

Amé­lie Not­homb da una vuelta de tuerca a Barba Azul, el clá­sico cuento de Char­les Perrault, en una nou­ve­lle donde en sus poco más de cien pági­nas com­bina la intriga -¿qué les suce­dió a las pre­de­ce­so­ras de Satur­nine?, ¿correrá ella la misma suerte?- con temas de hondo calado, con­si­guiendo que su novela absorba al lec­tor. En la pre­sen­ta­ción de esta obra en nues­tro país dijo Not­homb que ese cuento de Perrault era uno de sus pre­fe­ri­dos en su niñez. Pero que le repro­chaba la debi­li­dad y ton­te­ría de sus per­so­na­jes feme­ni­nos. En esta reco­men­da­ble revi­sión que nos ofrece la autora de Meta­fí­sica de los tubos o Cos­mé­tica del enemigo, se nota el comentario.

CARMEN R. SANTOS

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