Como nos dice José Ferrater Mora en su monumental Diccionario de Filosofía, si en Heráclito todo fluye y cambia, eso no sucede de cualquier modo; ocurre según un orden que puede compararse con el fuego, por cuanto éste se manifiesta a la vez como inestable y permanente. De manera aún más incisiva, Heráclito (535-484 a.C.) concibe ese continuo fluir en un cosmos “que no fue hecho ni por dioses ni hombres, sino que siempre estuvo ahí (…)
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