La crisis económica que azota Estados Unidos afecta duramente al mundo de la cultura. Hay contracción en los presupuestos oficiales pero, sobre todo, en un país en el que la cultura vive fundamentalmente de donaciones privadas, de las aportaciones de individuos e instituciones, bancos, compañías, etc. El sistema fiscal americano es muy generoso con los benefactores: permite desgravar un enorme porcentaje de lo aportado a una causa benéfica o cultural (…)
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