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“Esta escena no sucede en la Edad Media sino en 1969. Yo tenía 9 años. Vivíamos en Conakry, la vida era hermosa. Mi madre, secretaria de dirección; mi padre, historiador formado en Burdeos. Mamá me lleva al cine; en realidad seré la protagonista de un filme de horror. Mi propia tía, médico, me somete a una escisión sin anestesia. Por eso, un cuarto de siglo más tarde, la lucha contra esa mutilación ritual de la que son víctimas 150 millones de mujeres africanas es el objetivo de mi vida” (…)
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