No voy a negar que me gusta el género biográfico; sobre todo cuando se acerca al novelesco y el autor no busca tanto la verdad sin fisuras como la recreación de esa verdad que realce y explique la vida que se presume detrás de ella y, en cierto modo, la invoca. No es la primera vez que me remito al relato de la vida de Chéjov que Irène Némirovski trazó desde el lecho de muerte del escritor ruso como modelo de espíritu biográfico (…)
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